Frankenstein desde el otro lado del espejo: identidad, culpa y perdón

La última película de Guillermo del Toro trae una nueva perspectiva sobre la mítica historia del monstruo de Mary Shelley

Lara Victoria Musso Diomede

5/8/20245 min read



Frankenstein: visión del monstruo en el pueblo (parte del relato no representado). Crítica feminista de Mary Shelley.

La Lara de 15 años no tenía idea que en 1994 ya existía una adaptación que pretendía acercarnos a la visión del monstruo, representado por De Niro, y que recreó casi como un calco las escenas descritas en el relato, y que también se observan en la versión de del Toro.

No obstante, luego de buscar algunas escenas de la versión de 1994, creo que fue el enfoque de Guillermo del Toro el que cumplió con ese sueño frustrado de mis notas. Todos podemos visualizar al Frankenstein popular: al creador se le va de las manos el experimento, grita “It’s alive” y desde ahí todo va cuesta abajo. El monstruo se convierte en una amenaza e incluso es representado como torpe, con poca movilidad y corrompido por sus breves experiencias en el mundo de los vivos.

Dicho esto, me pareció fascinante el enfoque que del Toro le da al monstruo, que, más que “monstruo”, creo que en esta versión encaja mejor el término “criatura”, ya que el monstruo claramente no es él (pero eso lo comentaré más adelante). Esta criatura es pura, inocente, y extremadamente inteligente. Es reflexiva, razonadora y justa. En este punto he encontrado muchas opiniones enfrentadas, pues esta representación inocente y poco violenta de la criatura no resultó del agrado de todos. Una de las reseñas decía lo siguiente:


It’s beautiful, but too merciful. The creature isn’t meant to be pitied like a wounded child…he’s meant to terrify us with the mirror he holds up. I felt the tragedy, but not the horror of being alive.


Es cierto que en otras adaptaciones el monstruo termina por corromperse, asesinando a otros simplemente por herir a Víctor. De todas formas, creo que el castigo de la criatura del Toro puede interpretarse como mucho peor: promete herir a Víctor, pero nunca matarlo, ya que no quiere darle el beneficio de la muerte liberadora. Sin embargo, en ningún momento asesina a nadie -ni humano ni animal- a propósito, lo cual denota una sensibilidad en el personaje que resulta cautivante.
Todo esto es posible gracias a la actuación de Elordi, que da vida a esta criatura mística de una forma admirable. Su lenguaje corporal, su mirada… ¡denle un Oscar a este hombre! También me parece una idea muy acertada la elección de Elordi ya que escapa de la representación usualmente tosca y dura de la criatura a una más frágil, angulosa, y sensible.

No quería dejar de remarcar aquel único personaje que ve a la criatura por lo que realmente es (y no estoy hablando del ciego, pues él es incapaz de ver, y por ende juzgar, su aspecto físico). Elizabeth se presenta como el único personaje femenino de relevancia en la historia (esta película no pasa el test de Bechdel, así que un punto menos para Guillermo del Toro), pero me resultó muy interesante que sólo es ella la que logra ver a una criatura pura, inocente, e incluso asustada por el nuevo mundo en el que se encuentra. Se podría decir incluso que logra empatizar con ella, con esa horrible mirada juzgadora de una sociedad que jamás la tendrá en cuenta. La obra de Mary Shelley permite unas interpretaciones muy interesantes con respecto al rol de la mujer en la sociedad de aquel entonces, pero que en muchos casos sigue siendo igual de relevante hoy. Algunos señalan que la obra es una representación del acto de dar a luz y traer una persona al mundo, con toda la responsabilidad que ello implica. A mí personalmente me parece que la obra muestra a la criatura como este “otro” que siempre será juzgado, simplemente por su naturaleza.

En cuanto al personaje de Víctor, todavía tengo el recuerdo de una parte concreta de la novela en la que él se retira a los Alpes a lamentarse de sus actos. Sé que es un recurso típico del romanticismo, la apreciación de la naturaleza contra la condena del hombre… pero honestamente, a mí me resultó el discurso más largo sobre hacerse la víctima. Eran hojas y hojas de lamento constante, que incluso podía generar alivio la llegada del monstruo a su encuentro. ¿Por qué explico esto? Porque el Víctor de la adaptación de Netflix transmite exactamente eso. Al principio de la película nos muestran sus razones en la búsqueda de crear vida, y está bien, uno puede llegar a comprenderlo, pero todas sus acciones posteriores demuestran lo que verdaderamente es: un monstruo. Abandona a su creación por sus propias frustraciones, quiere a su hermano, pero intenta quedarse con su prometida, y acusa a la criatura de ser la causante de todas las desgracias, cuando, en verdad, las desgracias son las consecuencias de sus propios actos que jamás reconoce. Me dejé llevar un poco, pero a lo que quiero llegar es que me parece una elección interesante hacerlo tan despreciable, ya que ayuda a poner el foco e identificarnos con la criatura.

El otro día por fin vi la adaptación de Guillermo del Toro de una de las novelas más famosas de la historia: Frankenstein. Al terminar de ver la película, inmediatamente recordé unas notas que tenía en mi móvil desde hace años, cuando había leído la novela por primera vez en la secundaria. La nota decía lo siguiente:

Ahora sí, creo que el final deja un mal sabor de boca en muchos. El espectador quiere ver triunfar a la criatura y, más importante, ver pagar a Víctor por el mal que provocaron sus acciones. En vez de eso, se nos presenta un final en el que parecía que en cualquier momento iba a sonar “We are the world” y en el que todos los tripulantes del barco, Víctor y la criatura se tomarían de las manos y vivirían felices por siempre. Debo decir que creo que Guillermo del Toro aporta un final mucho más profundo, aunque no se perciba a simple vista.

La obra explora la condena de estar vivo, especialmente cuando no lo elegimos, y cómo lo que elegimos hacer con esa vida nos define como personas. Inevitablemente buscamos amor, conexión, y, si no se encuentra, ¿qué nos queda más que el odio, el resentimiento? Tal vez una representación de una muerte no tan liberadora y más sufrida de Víctor podría haber complacido más a los espectadores. No obstante, creo que este final busca generar un sentimiento de vacío, con la idea de llegar a una reflexión más profunda sobre la condición humana y la inevitable existencia hasta morir, que parece darle significado a todo.

Siendo que desde el principio este fue el relato de la criatura, desde mi punto de vista sí se puede considerar que triunfó, ya que, al elegir perdonar a su creador, nos demuestra que es mucho más humana que aquel humano que la creó y abandonó. Es así como la adaptación de Frankenstein (2025) retoma los temas centrales del relato original desde una mirada filosófica y reflexiva, desplazando el foco del creador y la culpa de jugar a ser Dios hacia la experiencia trágica de la criatura: la de alguien que debe encontrar sentido a una vida que, muchas veces, resulta injusta, solitaria y cruel.